Nombre:
E-Mail:


 
 

13. Dichosa telefonía móvil…
……………………………………………………………………………………………...................
“Como invento, el teléfono es extraordinario, pero ¿para qué podrá servir?”
Rubén Darío

 

     Al Robinsón Urbano no acaba de sorprenderle el mal uso que los ciudadanos hacen de esa diabólica máquina llamada teléfono móvil. Tiene ocasión de comprobarlo diariamente, en calles, comercios, cines, y hasta en el interior del metro. Todo un fenómeno social que no hace distinciones entre clases sociales, niveles culturales, origen, edades o géneros, y que finalmente, no nos olvidemos, es un negocio que mueve millones de euros. Tal es la servidumbre y dependencia que ha creado, que la gente ya no sabe salir a la calle sin llevar dicho artilugio en el bolsillo. La calle se ha convertido pues, en el lugar perfecto para realizar todo un estudio de campo. El análisis de esta nueva conducta social es digno de una tesis doctoral, que muy posiblemente, alguien ya esté escribiendo en estos momentos. Y es que en apenas cuarenta años hemos pasado en este país del legendario teléfono fijo de baquelita de Miguel Gila, a los más sofisticados aparatos que hoy copan el mercado. Según apuntaba algún diario hace unas semanas en España el número de líneas telefónicas móviles (49’6 millones) ha superado con creces a las líneas fijas.
      El Robinsón Urbano ha llegado a la conclusión de que el teléfono y su uso dice mucho de su propietario, tanto que muy pronto se podrá adaptar un famoso refrán castellano a la materia para afirmar “dime como es tú móvil y cómo lo usas y te diré quien eres”. Mientras que algunos individuos se inclinan por instalarse “la canción del verano” como aviso de llamada entrante, otros prefieren “el himno de la legión”, el de su equipo de fútbol local, o una horrible versión polifónica de una pieza clásica que haría levantarse de la tumba hasta el mismísimo Mozart. Y cuanto más alto, mejor.
      Algunas personas permanecen fieles al primer aparato que le regalaron o que compraron hace cerca de diez años, y otros lo cambian prácticamente cada mes (en cuanto que sale un modelo nuevo). Hay personas que lo dejan tirado en el fondo del bolso y otras que lo adornan con carcasas de colores, colgantes,  o le hacen incluso una funda de ganchillo para que no se arañe. Que le vamos a hacer…, “sobre gustos no hay nada escrito” que decía aquel, aunque permitan que el Robinsón se incline por otro dicho que su abuelo, por cierto, utilizaba con bastante frecuencia: “hay gustos que merecen palos”.
     Aún recuerda el Robinsón la primera vez que se cruzó en la calle con un individuo que aparentemente hablaba sólo y en voz alta, gesticulando, sin reparar en que la gente le miraba extrañada… o aquella otra ocasión en que le tocó soportar a un joven desafiante que viajaba a su lado en un atestado vagón del metro con el reproductor de su teléfono móvil a todo volumen. Se acordó entonces de aquel otro castizo dicho que un día escuchó a Forges en la radio: “no hay parto sin dolor, ni hortera sin transistor”. El volumen de la música era insoportable pero la calidad de la canción en cuestión, iba aún mucho más allá.
     Poco después, cuando vio que esa conducta se generalizaba en espacios cerrados, pasó inevitablemente de la perplejidad a la indignación. Entonces no pudo sino acordarse de que hay países del norte de Europa en los que el uso de estas máquinas está prohibido en el transporte público.
     Mientras esperamos que algo parecido sea posible por estas tierras, al Robinsón sólo le queda el consuelo de recordar que todavía queda gente peculiar por estos lares. Como olvidar aquellas brillantes palabras del Maestro Luis Francisco Esplá. Cuando un periodista preguntaba al torero si era cierto que en su casa no había teléfono y que cómo se las apañaba entonces para ser contratado, él se limitó a contestar sin inmutarse: “(…) en tiempos de El Gallo tampoco había teléfono, y el que quería encontrarle, le encontraba”.

 

ElRobinsónUrbano


------------------------------------------------------------
-------------------------------------------------


12. Llegada a Nueva York
……………………………………………………………………………………………...................
 “(…) también yo he viajado a Nueva York empapado de cine, como cualquiera, atraído por ese imán de la pantalla brillante de una sala a oscuras, y por eso me ha chocado tanto, cuando por los altavoces del avión se nos aseguraba que estábamos llegando, no reconocer ningún lugar, no encontrarme inmediatamente, desde muy alto y desde lejos, con la silueta de los rascacielos y la estatua de la Libertad emergiendo poderosamente del mar”.
“Ventanas de Manhattan”, Antonio Muñoz Molina

 

 

     Desde hace muchos años El Robinsón imagina como será su llegada a la ciudad de Nueva York y cual será la primera imagen de la ciudad que verán sus ojos. Pues bien, en estos días previos a realizar finalmente el primer viaje a la “gran manzana”, parece ser que ese pensamiento ha vuelto a ocupar parte de sus sueños. Y aunque sabe de sobra que desgraciadamente su primer contacto con tan iconográfica urbe no tendrá nada que ver con lo que lleva media vida imaginando, no se resigna a dejar a un lado sus sueños y darse de bruces con la dura realidad. Prefiere seguir pensando hasta que llegue el momento, que la llegada estará sacada de la secuencia de alguna legendaria película norteamericana. Porque gracias al cine todos creemos haber estado alguna vez en esa gran ciudad, y porque para los españolitos de a pié, uno no pisa Nueva York hasta contemplar la silueta de los enormes rascacielos de la isla de Manhattan o hasta encontrarse a los pies del mismísimo Empire State.
     Se imagina El Robinsón su llegada de dos maneras distintas pero parecidas al mismo tiempo. La primera sería la misma que el espectador contempla de las calles de Manhattan en los primeros fotogramas de “West Side Story”, mientras la música de Leonard Berstein suena de fondo. Unas líneas verticales dibujadas sobre un fondo neutro que poco a poco van desapareciendo hasta hacerlas coincidir con la más famosa imagen de Nueva York, la que precisamente muestra ese skyline visto desde el sur del río Hudson. Una toma cenital en la que paulatinamente la cámara se va aproximando a los rascacielos y en la que posteriormente va penetrando muy despacio por las calles de la ciudad hasta pararse en una pequeña cancha de baloncesto del lower west side. Eso sí, en su sueño llega volando hasta ese emblemático y tranquilo lugar pero en él no encuentra esperándole un balón botando, ni a ninguna banda de delincuentes juveniles.
     El segundo de sus viajes astrales es parecido al primero, pero esta vez se lo imagina como en el comienzo de esa otra obra maestra que es “Manhattan” de Woody Allen. La cámara se acerca a los rascacielos de la parte sur de la isla mientras lo que suena ahora de fondo es la “Rapsodia in blue” de George Gershwin. Luego el objetivo se mueve lentamente por los distintos barrios, calles y plazas, pero esta vez el viaje acaba junto a la puerta de un hotel, de su hotel. Eso sí, en su sueño no repara en la cara de asombro que debe poner el botones al verle llegar, maleta en mano, volando como Mary Poppins y con banda sonora de fondo, porque desgraciadamente el sueño acaba siempre sólo unos segundos antes.
     Espero que a la vuelta de tan merecidas vacaciones ese Robinsón que como pueden apreciar cambia simplemente de escenario sin perder su condición de “urbano”, pueda sacarnos de dudas. Mientras tanto me ha pedido que les recomiende la lectura de “Ventanas de Manhattan” de Antonio Muñoz Molina, porque al parecer es lo más parecido a recorrer las aceras de Nueva York sin abandonar la comodidad del ventilador y el sofá de casa.

ElRobinsónUrbano


------------------------------------------------------------
-------------------------------------------------


11. Una de hospitales…
……………………………………………………………………………………………...................
- ¡Pero no tienes ningún tumor!
- ¿Cómo lo sabes? ¡no podemos saberlo! ¿Para qué me mandarían si no al           hospital?
- Si, claro, ya estamos como el año pasado, que creíste tener un melanoma en  la espalda.
- ¡Claro, otros lo vieron antes que yo!
- Pero sólo era una mancha marrón en tu camisa.
- ¡Y yo cómo iba a saberlo, todos señalaban a mi espalda!

“Hannah y sus hermanas”, Woody Allen (1986)

 

           “Las últimas noticias y sentencias han venido a confirmar que algo huele a podrido en la Sanidad Pública local, esa “rara avis” posiblemente en vías de extinción si sus competencias siguen por más tiempo en manos de la Comunidad Autónoma de Madrid.  Primero vino la farsa del fin de las listas de espera falseando intencionadamente datos, luego la fuga de médicos a otros países europeos ante la no creación de plazas, más tarde la caza de brujas en el Hospital Severo Ochoa de Leganés por parte de un incompetente consejero de Sanidad, posteriormente la no aceptación de una sentencia exculpatoria de los profesionales de cuidados paliativos de ese centro, luego la inauguración por tercera vez de un mismo hospital aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y ahora parece ser que se plantean que haya sacerdotes en los comités éticos de los hospitales públicos. ¿Qué será lo próximo?

       El Robinsón Urbano recuerda como tiempo atrás llegó una carta del mismísimo Consejero de Sanidad a su domicilio, preocupándose por su estado de salud ante una próxima intervención quirúrgica, al tiempo que le hacía entrega de una tarjeta y unas contraseñas para acceder a través de internet a la información personalizada sobre su situación en la lista de espera. El Consejero aprovechaba además la oportunidad de recordarle con pelos y señales el “Programa Integral de Reducción de la Espera quirúrgica”, me imagino que para que no se le olvidase ante futuras citas con las urnas. Los políticos son así. Cuando les interesa, te recuerdan que han puesto delante de tus narices una zanahoria (a la que por supuesto no llaman zanahoria) para que continúes caminando en linea recta sin mirar siquiera a los lados. El Robinsón también recuerda que posteriormente, casi la víspera del fatídico día, se encargaron nuevamente de recordarle por teléfono la fecha de la cita ya que el plazo máximo de 30 días prometido por la Señora Presidenta como condición para no presentar su dimisión, estaba acercándose peligrosamente a su final.
        Dejados atrás esos datos meramente burocráticos, lo mejor se produjo el día de autos, cuando el magnífico personal sanitario se puso manos a la obra para solucionar el origen de aquellos achaques. Tras adivinar cierto pánico en la cara del enfermo Robinson, se esforzaron por humanizar aquel frío espacio llamado quirófano, eso sí, dentro de sus limitadas posibilidades. A los médicos y enfermeras no se les puede pedir milagros, aunque conocedores por propia experiencia de que los olores de ciertos desinfectantes, la luz de los focos, y agujas y bisturís acaban dando cierto respeto, intentaron como último recurso amenizar la velada con algo de música. Recuerda el paciente que fue idea de la Sra.Anestesista, y así se lo agradeció mientras miraba con terror el instrumental colocado sobre una mesa. Sin embargo, la mala fortuna del paciente hizo que en la emisora de radio elegida al azar por la facultativa no sonasen precisamente sus adorados “Stiff Little Fingers” sino un antiguo éxito de la denostada Madonna. Sin embargo aquella música consiguió el efecto deseado, amansar a la fiera y tener entretenida la mente del enfermo durante unos cuantos minutos. Los mismos que dedicó, primero a maldecir su suerte, luego a analizar la escena digna de una comedia del mismísimo Stephen Frears o Peter Cattaneo, y posteriormente a recordar la película-documental “Tocando el vacío”, en la que un montañero a punto de perecer tras siete días herido en la montaña tiene un dramática experiencia con una odiosa melodía que no consigue quitar de su cabeza, cuando se encuentra tan sólo a cien metros de su salvación.

   “(…) y de repente todo comenzó a hacerse muy confuso (…) creo que me perdí y que ya no sabía lo que estaba haciendo. No recuerdo que pensara en nadie o en alguien querido, ni en cosas parecidas.
    Hubo un momento en que una canción comenzó a sonar en mi cabeza. Era de un grupo llamado Bonie M, y la verdad es que no me gusta Bonie M.
-Hooray! Hooray! It’s a holy holyday…
Y eso siguió y siguió durante horas. Me resultaba muy enervante. Quería quitármela de la cabeza. Quería pensar en otras cosas.
-Hooray! Hooray! It’s a holy holyday…
    Recuerdo que pensé: Hay que joderse! voy a morirme con Bonie M”.

   

ElRobinsónUrbano


------------------------------------------------------------
-------------------------------------------------

 

10. (…) EsoNoTienePrecio
……………………………………………………………………………………………...................
“Lo que se requiere es una economía con rostro humano”.
“Si la civilización occidental está en un estado de permanente crisis, no es nada antojadizo sugerir que podría haber algo equivocado en su educación”.
"El veneno es veneno, aunque venga en píldoras doradas…".
“Hablar del futuro sólo es útil si nos hace actuar ahora”.

E.F.Schumacher

 

      Caminar con cierta regularidad por las calles de nuestra ciudad, además de mejorar el ritmo cardiaco, sirve para mantener en buen estado la salud mental. No cabe duda que, pensar, reflexionar en voz baja mientras movemos el aparato psicomotriz es muchísimo más saludable que apuntarse a un gimnasio, y encima nos ahorramos la factura del psicólogo. Porque como decía Machado, “(…) camino con el hombre que siempre va conmigo”. El Robinson Urbano es un habitual de estas prácticas, (a las de pasear me refiero) siempre que el tiempo acompaña.
      Mientras camina a buen paso por las aceras del Foro sorteando adoquines levantados o personas que prefieren avanzar a velocidad más lenta, analiza cuanto ha leído minutos antes en el interior de un cálido café de barrio. Periódicos y revistas anticuadas con las esquinas dobladas que se han ido amontonando sobre la máquina del tabaco. Las ideas se agolpan en su cabeza desordenadamente. El Himno Nacional finalmente tiene letra (lamentable por cierto)…, se impone el sentido común y lo retiran días después…, se estanca el mundo del ladrillo y la especulación…, las urgencias de algunos hospitales están colapsadas desde hace días…, la contaminación que sufre nuestra ciudad se debe únicamente a polvo en suspensión proveniente del Sahara…, se reeditan algunas de las obras de Doris Lessing ganadora del último Nobel de literatura…, se convocan elecciones generales para el próximo 9 de Marzo…, nos deja Pepín Bello, el denominado fotógrafo de la Generación del 27, amigo personal de Lorca y quien también se formase en la añorada Institución Libre de Enseñanza…, al imputado Carlos Fabra (éste no sabemos dónde estudió) le tocan dos millones en la lotería del niño (esperamos que se los gaste en libros)…, fallece Ángel González poeta de cabecera para quien les escribe, escritor y persona insustituible… Fidel se retira…
       Sin embargo, y sin saber muy bien por qué, la mente del Robinsón no puede evitar centrarse en otra de las noticias leídas en alguna de las páginas de economía de un arrugado periódico y eso que le viene de lejos lo de pasar de puntillas por esa sección. Algo denominado como “capitalismo ético”. Una incipiente corriente dentro de ese pensamiento económico que surge como respuesta al “nuevo capitalismo” cuyos abusos y fatídicas consecuencias sufrimos a diario. No cabe duda de que el sistema capitalista es el que más riqueza ha creado a lo largo de la historia, pero no es menos cierto que su principal finalidad es aumentar el consumo, y eso suele realizarse a costa de crear sociedades repletas de individuos insatisfechos. Llegados a este punto queda claro que el fin no justifica los medios, que no todo vale por obtener beneficios, que no hay más que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que estas actividades están destruyendo el planeta en el que vivimos y que las diferencias entre ricos y pobres se incrementan cada día un poco más. Es interesante observar como surgen nuevos pensadores incluso dentro de la doctrina capitalista que sugieren la necesidad de acometer cambios, de adoptar soluciones antes de que tanto despropósito sea irreversible. Al RobinsonUrbano le viene entonces a la mente un antiguo anuncio televisivo de una conocida tarjeta de crédito de la que por supuesto no piensa hacer aquí  publicidad.  ¿Lo recuerdan? Adaptándolo a una vivencia personal junto a la gente de “2FerRecords” y otras amistades, el resultado sería algo parecido a lo siguiente:

       “(…) la primera ronda de tercios de cerveza 10 €… una docena de ostras en el “Cantábrico” 43€… un cocido completo en “Casa Carola” rodeado de buenos amigos no tiene precio… hay cosas que el dinero no puede comprar…para todo lo demás…”x card”.

       Pues bien, parece ser que según decía el artículo, los defensores de ese capitalismo ético se preocuparían por esa última parte del anuncio, por la búsqueda de un rostro humano para ciertos aspectos de la economía. Interesante reflexión sin duda, aunque algo tardía, y aunque se nos antoje insuficiente a todas luces. Ya sólo falta esperar a que dichos teóricos se preocupen también por las otras partes del anuncio que son aquellas que tocan directamente nuestro bolsillo. Es alentador que alguien se preocupe por los sentimientos y las emociones del sufrido consumidor, pero al Robinsón parece preocuparle muchísimo más cómo poder pagarse una docena de ostras, y al paso que vamos, cómo invitarse a una simple ronda de cervezas.

ElRobinsónUrbano


------------------------------------------------------------
-------------------------------------------------


09.Obituario
……………………………………………………………………………………………...................
Obituario:
 (De óbito)
1. m. Libro parroquial en que se anotan las partidas de defunción y de entierro.
2. m. Registro de las fundaciones de aniversario de óbitos.
3. m. Necrología.
4. m. Sección necrológica de un periódico.
“Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española”.
……………………………………………………………………………………………...................

“Pero yo sé que algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía”.
Miguel Hernández

 

      Algunas personas al llegar estas fechas deciden hacer balance de lo vivido durante el último año, para inmediatamente después intentar enmendar errores, poner fin a vicios diversos o hábitos poco saludables. El caso es que nadie parece estar contento con lo que tiene o con cómo es, y durante estas semanas intentan convencerse de que sus vidas pueden llegar a distintas. Desgraciadamente la experiencia viene a confirmarnos que todos esos brindis al sol acaban cayendo en saco roto, y mucho antes de que termine el invierno todo vuelve nuevamente a su sitio. De nada servirá por tanto apuntarse a gimnasios, comprarse todos los fascículos anunciados en la prensa o intentar ponerse a estudiar japonés a estas alturas de la película. Cuando llegue el buen tiempo, los michelines seguirán en su sitio, los fumadores empedernidos encenderán un cigarrillo tras otro y la gente continuará viendo cada noche “¡Mira quién baila!”.
      El RobinsonUrbano también hace durante estos días balance de lo vivido, pero convencido de que ya es demasiado tarde para estos cambios, prefiere resignarse y aceptar sus limitaciones. Sin embargo, hay algo que no puede evitar en estos albores de año, intentar recordar a aquellos que se han ido para siempre durante los últimos doce meses. Es ley de vida y lo sabe, pero al mismo tiempo le cuesta asumir que ciertas caras, voces o trabajos dejarán de aparecer en nuestro día a día a partir de ahora.
      Durante el pasado 2007 se nos han ido algunas figuras irrepetibles dentro del amplio mundo de las artes: Bergman, Antonioni, Rostropovich, Pavarotti, Oscar Peterson… pero puede que todos ellos se encuentren demasiado lejos de nuestras vivencias cotidianas. Sin embargo hay otros personajes geniales que nos resultan mucho más próximos, más cercanos y a los que me temo, ya hemos comenzado a añorar. Rostros y obras que forman parte de lo que somos, y con los que hemos ido creciendo al mismo tiempo. El RobinsonUrbano no podía por tanto dejar pasar la ocasión para recordar desde aquí a dos personas de incuestionable talento. La primera está vinculada al mundo de la radio: Carlos Llamas “Charly”, Director de esa tertulia política llamada “Hora25” en la que tanto hemos aprendido las noches de la última década y media. Un personaje sencillo, próximo, dotado de una capacidad casi innata para analizar con claridad la realidad en la que vivíamos en cada momento. Y es que cuando “Charly” hablaba, y aunque lo hacía para más de un millón de oyentes, tenías la sensación de que eras la única persona al otro lado de las ondas. Era como si nos perteneciese sólo a nosotros, como si su micrófono se encontrase a escasos centímetros de nuestra mesita de noche, o como si estuviésemos ambos sentados, uno frente al otro, conversando amigablemente ante una chimenea. Me temo que será imposible cubrir el vacío que nos deja.
      Desgraciadamente, no ha sido la única figura en abandonarnos para siempre. Puede que también nos hayamos quedado sin el último gran cómico que ha dado este país: Fernando Fernán Gómez. Una pérdida, me consta, especialmente sentida en esta casa. No en vano los creadores de “2FerRecords” tuvieron el honor de sumarse al merecido homenaje que se dio al gran actor en su casa, el Teatro Español. Fernán Gómez fue un personaje inigualable, cuyo talento le permitió siempre destacar en cuantas empresas se embarcaba. Desde muy pronto dejó claro que había nacido para vivir sobre los escenarios, y poco después descubrimos que también estaba dotado para sobresalir en el mundo de las letras y en el de la dirección. El RobinsonUrbano quiere recomendar desde aquí la lectura de ese “Tiempo amarillo”, la última de sus obras, una mirada personal del autor a lo acontecido en nuestro país en las últimas décadas y a su propia persona.
     Siempre hay quien dice que este tipo de personajes no se van nunca del todo porque siempre nos quedarán sus obras. Verdad a medias y triste consuelo.
     De momento, si quieren invertir cuánto pensaban gastar en esas rebajas que cada año comienzan antes, ya tienen una pista.

 

ElRobinsónUrbano

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 “(…) La integridad es un concepto relativo, y es mejor dársela a mentes perspicaces como Jean-Paul Sastre y Hannah Arendt. La verdad es que cuando silban los vientos invernales y la única morada que uno puede permitirse es una caja de cartón en la Segunda Avenida, los principios y los ideales elevados tienden a desaparecer en medio de un remolino por el desagüe del cuarto de baño”.

Woody Allen
“Pura Anarquía”, 2007

08.ElColeccionistaDeFrases

 

    La vida y la agenda del Robinson Urbano parecen estar marcadas por sus innumerables aficiones. Hay quien dice de él que se trata un personaje singular al que apenas le queda tiempo para el aburrimiento. Además de cronista de  despropósitos de gobernadores locales, le gusta perderse por las calles de su ciudad y guardar en viejas carpetas las noticias curiosas que encuentra cada mañana y posteriormente recorta de la prensa escrita. Toda una hemeroteca particular en continuo crecimiento en la que se amontonan titulares, frases e ideas no siempre brillantes y fácilmente defendibles. Como buen coleccionista gusta de sentarse en determinadas ocasiones frente a ellas y repasar lentamente sus contenidos intentando adivinar quien pudo ser el autor de aquella ingeniosa expresión o por el contrario, como en la mayoría de los casos, de aquella estupidez insostenible. Al final siempre llega a la conclusión de que las celebridades son poco cautas, la familia política particularmente, y mucho más en estos meses en los que todo está marcado por la insufrible campaña electoral. Aburrido periodo en el que parece valer todo y que además cada vez parece comenzar antes para desgracia nuestra, como la decoración navideña de nuestras calles. Pero volvamos al tema que el Robinson se trae hoy entre manos. Templanza, sosiego, sentido común, coherencia, tranquilidad, sensatez, son conceptos que no siempre aparecen en el diccionario de nuestros políticos. ¿Por qué no contarán hasta diez antes de soltar a los cuatro vientos la primera idea que les pasa por la cabeza?... quizás porque entonces tendrían que cambiar de profesión, puesto y salario. En esos momentos de calentamiento dejan al descubierto su verdadera personalidad y sus limitaciones, olvidando que representan a sus votantes. Con enorme facilidad echan por tierra el trabajo llevado a cabo con esfuerzo por asesores de imagen y secretarios. Difícil tarea la de limar sus asperezas, convirtiendo su quehacer diario en una nueva versión de “My Fair Lady”. Se les calienta la boca con facilidad en cuanto que el jefe de la “cla” se marca las primeras palmas, olvidan dónde se encuentran y convierten una aburrida conferencia en el Club Siglo XXI en una partida de mus entre amiguetes. Son así. Nuestra clase política tiene el don de la oportunidad, una capacidad casi innata para abrir el pico en los momentos menos propicios consiguiendo que a continuación corran ríos de tinta y de saliva. La carnaza.

     No es de extrañar entonces que entre los recortes del Robinson se encuentren joyas dignas de formar parte de la “Antología del disparate en lengua castellana” aún por escribir (todo llegará), o del inigualable “Celtiberia Show” de nuestro añorado Luis Carandell.
     ¿Cómo explicar al contribuyente que una presidenta autonómica tiene problemas para llegar a fin de mes o para hacer frente a la factura de la luz?... ¿qué hay sobre cierto personaje capaz de poner en duda a estas alturas, las acción del hombre sobre el Cambio Climático basándose en los conocimientos de un primo?…¿quién dijo en un momento de euforia que el AVE llegaría a Barcelona en el plazo previsto?…¿qué personaje de infausto recuerdo daba su palabra de que en Irak había armas de destrucción masiva?…¿quién desconocía cuanto nos costaba un mal café a los ciudadanos de a pie?…¿qué personaje se avergonzaba en público de decir a una jubilada cuanto ganaba al mes?…¿Quiénes padecen ahora amnesia temporal para negar la delirante teoría de la Conspiración del 11M que han estado explotando electoralmente desde hace años?...

     Estamos acostumbrados a ver a estos tipos mear fuera del tiesto. Hay cosas que desgraciadamente no cambiarán nunca. El problema del Robinson es seguir encontrando espacio para guardar esa interminable colección de frases, al precio al que están las hipotecas”.

 

ElRobinsonUrbano

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

“(…) cada vez me costaba más volver. Era como si en el armario, el abrigo que había guardado antes de irme me esperara encogido, impregnado de olores rancios y con los bolsillos cargados de piedras. Se invirtió el paréntesis: el verdadero texto de mi vida, mi auténtica biografía, eran los viajes. Todo lo demás sobraba”.
Enrique de Hériz, “Mentira” 2004.

07. VUELTA A... ¿LA NORMALIDAD?

 

    El Robinsón, muy a su pesar, vuelve a recuperar su condición de urbano. Atrás quedan ya, sólo en el recuerdo, inolvidables experiencias lejos del asfalto y la crispación, en unas tierras asombrosas en las que los milagros no sólo se producen los jueves, y en las que sus moradores tienen desde siempre el don de saber ralentizar el ritmo de la vida. Resulta asombroso descubrir como hay todavía quien es capaz de tomarse con calma los quehaceres diarios.
      Hay que ver que duro es siempre el regreso a lo cotidiano, a lo rutinario y a las prisas y empujones, y más tras descubrir que otro modo de vida es posible.

      Nadie parece estar preparado para afrontar esa inevitable “vuelta”. No hay vacunas, terapias, manuales, ni cursos por fascículos para ello. Y no me refiero a esa “Vuelta ciclista” de Unipublic cada año más carente de interés, por cierto. No. Me refiero a esa enfermedad endémica cuyos síntomas se acentúan en las últimas semanas del verano y que no respeta ni a ricos ni a pobres. Sepan que los robinsones tampoco escapan a esa epidemia estival. Les conozco bien. Sé que no es una patología preocupante, que resulta muy fácil de diagnosticar, y que el paso del tiempo acaba por ser un tratamiento suficiente para su cura o para que el paciente consiga salir adelante por sí mismo. Los síntomas son numerosos. El enfermo tiende a idealizar las experiencias vividas fuera de su ciudad, en su cara son palpables del huellas de ese pesar que sufren los animales con problemas de adaptación, y hay quien incluso ha llegado a padecer el denominado síndrome de “mirada perdida”, como si la mente del enfermo hubiese abandonado temporalmente este mundo. Sin embargo se trata de un fenómeno fácilmente explicable. La mente tiende a abandonar el cuerpo dejándose llevar por el recuerdo de los placeres mundanos. Así que, si durante estos días ven a alguien incapaz de meter primera cuando el semáforo se pone en verde, o si alguien deja pasar el autobús sin prestarle la más mínima atención, sepan que simplemente estará pensando en espetos de sardinas, tintos de verano o en la sensación que producía en su cara la brisa del mar tiempo atrás.
       Y es que uno se encuentra de golpe, y sin anestesia, con esa otra realidad que había olvidado por completo, y que se asemeja mucho a una mala telenovela. Uno puede perderse treinta capítulos o una temporada entera, pero le bastarán tan sólo unos minutos para darse cuenta de que nada esencial ha cambiado durante su ausencia.
       Resulta extraño ver como antes del éxodo vacacional nadie parece ser capaz de soportar un sólo día sin su consiguiente dosis de radio o prensa deportiva, sin varias horas dedicadas a ver televisión, o sin absurdas e interminables discusiones sobre temas como la asignatura de “Educación para la Ciudadanía” o el estatuto. Al regresar, sin embargo, resulta difícil verle mucho sentido a ese estilo de vida, y cada hijo de vecino acaba planteándose ciertos desafíos y cambios vitales que luego nunca llevará a cabo. Sin embargo bastarán tan sólo un par de semanas para recuperar los hábitos de siempre y para convertir las vacaciones de este año en la enésima caja de diapositivas que acabará olvidada en el cajón de la cómoda.

      Mientras tanto, El Robinsón Urbano, no sin cierta resignación y con algo más de color en el rostro, vuelve poco a poco a perderse por las calles de su ciudad natal como hacía antaño. Tan sólo un par de paseos sirven para que se dé cuenta de que nada ha cambiado durante su ausencia. Las mismas caras de siempre, las mismas tiendas, las mismas averías en el transporte público... Llegado este punto hasta le resulta familiar toparse con esos artefactos llamados parquímetros. Ni siquiera ve extraños ya los futuristas uniformes fluorescentes de esos agentes de movilidad que inundan las plazas del distrito centro y que velan por el bienestar de algunos de sus vecinos. No le resulta extraño como digo, pero tampoco los ha echado de menos ni se acostumbrará nunca a su presencia. Con el Alcalde le pasa tres cuartos de lo mismo.      

 

ElRobinsonUrbano

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

“Escuchar zarzuela versionada por cantantes de pop en la Plaza Mayor, 450.000 euros.
Asistir a un espectáculo de danza con Tamara Rojo sobre un estanque del Retiro convertido en lago de los cisnes, 350.000 euros.
Observar fuegos artificiales y escuchar la música acuática de Haendel con la M-30 debajo, 400.000 euros.
Contratar toda la programación de las fiestas de San Isidro 2007 sí tiene precio, concretamente dos millones y medio de euros (…)”.
Beatriz Portinari, Diario El País, 04/05/07 

 

06. ¿QUE PASARÍA SI NUNCA PASASE NADA?

 

       Pasada ya la resaca, por decir algo, de las fiestas patronales de la ciudad en que habita, “ElRobinsonUrbano” reflexiona en voz alta sobre lo visto y sufrido en los últimos días en carne propia. Atrás quedan ya eventos y jolgorios, una vez más, carentes de toda imaginación y de dudoso gusto. Pero este año, han tenido la particularidad de ser metidos con calzador dentro de esa “propaganda institucional” a la que nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes locales. Que mejor que acompañar una de tantas inauguraciones, que con unos típicos juegos artificiales sobre la irreconocible ribera del Manzanares, mientras de fondo suenan los últimos golpes de maza. No nos engañemos, ese Madrid de charanga y pandereta también tiene su público, su mayoritario público.

    Mientras camina por las blindadas calles del “Barrio de Maravillas” bajo los últimos rayos de sol de una inestable tarde primaveral, “ElRobinsonUrbano” continúa preguntándose a cerca de algunas cuestiones de carácter festivo y de complicada respuesta. Unas fiestas las nuestras, o las suyas según se mire, que tienen la particularidad de poder pasar desapercibidas para quienes moran en esta ciudad. Algo impensable otras grandes urbes peninsulares que aprovechan esos días del santoral para hacer sencillamente su agosto, y para mostrarse, cual escaparate, al resto del mundo.
    Deambulando sin rumbo fijo, dejándose llevar por el agradable ruido de las terrazas en las que beber en plena calle está desde siempre permitido, comienza a preguntarse sobre cómo serían las costumbres populares de antaño. Porque, antes de que en estas mismas aceras no se conociesen schotis, zarzuelas, chulapas, organillos o mantones de Manila, ¿cómo se divertía la gente?, ¿qué tradiciones había? No nos olvidemos de que hay quien tiene la impresión, de que entre la construcción de la muralla por parte de los árabes asentados en el foro y la invasión de los franceses, no hubo ni pasó absolutamente nada en estas tierras. Nada más lejos de la realidad.
    Finalmente, consigue llegar a la conclusión, mientras un par de uniformados le piden amablemente que les enseñe que esconde en su mochila, de que ese “casticismo” es sólo un invento de antes de ayer.

– “No se preocupen señores agentes de movilidad, son sólo tres libros, un cuaderno y una botella de agua mineral del Canal de Isabel II”.

   Y por otro lado… ¿por qué no ofrecer lo que los vecinos reclaman hoy, o por qué no ampliar el abanico u oferta de festejos para contentar en parte a todos? Quizás asociando inconscientemente la imagen de disfraces y uniformes, sus pensamientos se pierden paulatinamente por los cerros de Úbeda.
    ¿Seguirá este dispositivo tras las elecciones municipales? Puede que no. Una vez confirmado el voto de los vecinos más mayores del barrio entre los que casualmente se encuentra la propia Presidenta, (aunque hayan retocado en exceso su foto en los carteles, todos sabemos que ya no cumplirá los cincuenta) volverá cada uno a patrullar por donde lo hacía hace tan sólo hace un par de semanas. Con repetirlo dentro de cuatro años será suficiente. Los dirigentes saben de sobra que de momento, los inmigrantes que se hacinan en antiguas casas de esta zona, no tienen derecho al voto.
    Sentado en una céntrica plaza dedicada a un par de héroes locales a quien parece estar vetado cualquier brindis público, y mientras observa atentamente como los chavales juegan al fútbol en tan deteriorado espacio, sorteando raquíticos cipreses, perros y viandantes, “ElRobinsón” retoma sus reflexiones iniciales. ¿Qué mal endémico sufre esta histórica urbe para que año tras año tengamos que asistir a tan patético espectáculo? ¿Se deberá quizás tan triste oferta festivo-cultural a la falta de presupuesto, debido a que las arcas municipales estarán hipotecadas hasta el siglo próximo? No. No van por ahí los tiros. Siempre hay alguna Junta Municipal que acaba buscando en el fondo de sus bolsillos unos eurillos para traerse a la “Pantoja” de turno como fin de fiesta. Siempre es mejor que el dinero se quede en la familia. El problema radica en las cabezas pensantes, por decir algo, de quienes organiza este “desaguisao” año tras año.
    Comienza a anochecer, y el cambio repentino de temperaturas causante de tanto catarro traicionero, se deja notar sobre los desnudos brazos del paseante. Sin más, decide colocarse la chaqueta, y sin haber llegado a encontrar respuesta alguna, retoma el paso camino de la estación de metro más cercana, (¿se averiará también hoy por culpa de desalmados saboteadores?) pero no sin antes verse nuevamente obligado a atravesar otro “check point charlie castizo” para poder abandonar la plaza, mientras silva uno de esos temas que siempre tiene en la memoria…

The public wants what the public gets
but I don't get what this society wants
I'm going underground... 

(The Jam)

 

ElRobinsonUrbano

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

WHEDON, DIRECTOR DE PERIÓDICO

“Saber ver todos los aspectos de cada cuestión; estar en todos los lados, serlo todo, no ser nada por mucho tiempo; falsear la verdad, cabalgarla cuando te conviene, usar los grandes sentimientos y pasiones de la humana familia con bajos designios, con fines astutos, llevar, como los actores griegos, una máscara -tú periódico de ocho páginas-, tras de la cual te acurrucas y gritas por el altavoz de los grandes titulares:
“¡Este soy yo, el gigante!”
Y así vivir también la vida de un ladrón furtivo, envenenando con palabras anónimas
de tu alma escondida. Echar, si te lo pagan, tierra a los escándalos, y desenterrarlos a los cuatro vientos por venganza o para vender más periódicos, aplastando reputaciones o vidas, si es preciso, para vencer a toda costa, salvo de tu propia vida. Ostentar una fuerza demoníaca enterrando a la cultura, como un muchacho paranoico que pone un tronco en la vida. Y hace descarrilar el tren expreso. Ser director de periódico, como yo lo fui. Para yacer después aquí, junto al río, sobre el lugar donde  descansan las alcantarillas del pueblo y arrojan las latas vacías y la basura, y se esconden los abortos”.

EDGAR LEE MASTERS, “Antología de Spoon River”, 1914

 

    En su deambular diario por las calles, ElRobinsonUrbano suele acabar encontrándose con personajes variopintos y curiosas escenas. Me temo que la ciudad en la que habita, tiende a parecerse cada vez más a un museo surrealista de puertas abiertas.
    Entró en un establecimiento público en busca de un buen café (algo que en Madrid roza lo imposible), y se sentó en una esquina del local dispuesto a leer tranquilamente. Pronto se vio distraído por el inusual volumen de la airada conversación procedente de la mesa contigua, y por su propia curiosidad, todo hay que decirlo, lo que le llevó a abandonar momentáneamente la lectura. Un matrimonio de mediana edad y con un acento indefinido del norte peninsular defendía vehementemente las reaccionarias y crispadas consignas de esa otra España. Dio un primer sorbo a su café y decidió escuchar atentamente.

EL:      “Mira lo que pone aquí. ¡Que gentuza!. Ahora resulta que han firmado un  manifiesto”.
ELLA: “¿Quién?”
EL:     “Los intelectuales”
ELLA: “¿Y esos quiénes son?”
EL:     “Pues los de siempre”
ELLA: “¿Y un manifiesto sobre qué?”
EL:     “Pues nada, que ahora dicen que se está negando la legitimidad al gobierno en materia de política terrorista”.
ELLA: “¡Y los dos millones que estuvimos en la manifestación!… ¿es que no  había intelectuales allí?”
EL:     “Pero si es que además la intelectualidad ya no tiene ningún motivo para existir. Eso es algo caduco, algo del pasado”
ELLA: “Y además, ¿esos quienes son?... ¿La Bardem y su hijo? ¡venga ya!”
EL:      “En tiempos del comunismo todavía… ¿pero ahora?”
ELLA: “O ese Victor Manuel, que tiene de intelectual lo que yo de monja”
EL:      “¡Es una vergüenza!”
ELLA: “Y seguro que también está el imbécil ese que no sabe ni escribir”
EL:      “¿Quién?”
ELLA: “Sí hombre… el que escribió eso de…”
EL:      “No sé quien dices”
           ELLA: “Qué sí hombre...el Saramago ese”
EL:      “No sé dónde vamos a llegar… anda, vamos que se nos va a hacer    tarde”.

 

   El trabajo de campo había llegado a su fin. Observó de reojo como el matrimonio se dirigía hacia la puerta con “El Mundo” bajo el brazo, y luego permaneció inmóvil ante su taza de café, intentando asimilar aquel cúmulo de absurdos, buscando una explicación a la conducta de aquellos personajes. En vista de que no había ninguna respuesta medianamente comprensible para justificar lo escuchado, decidió dar un segundo sorbo a la taza y retomar la lectura. Abrió el libro al azar y tras leer varios de los poemas de Edgar Lee Masters le llamó la atención el dedicado a Sr.Whedon, director de un periódico a principios del siglo pasado. Al parecer, la historia es cíclica, y la conducta de algunos hombres acaba repitiéndose.
    Guardó el libro, apuró el último trago de su frío café y decidió salir a la calle en busca de aire fresco, mientras sus glándulas venían a confirmarle lo que ya sabía: 60% de café, 40% torrefacto.
    Tomarse un buen café en esta ciudad sigue siendo un milagro casi imposible de alcanzar.

ElRobinsonUrbano

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

“La gente dice que no entiende el cubismo. Yo no entiendo el chino, pero eso no quiere decir que no exista ese idioma”.
Pablo Ruiz Picasso
 

04.NOS INTERESA EN REALIDAD EL ARTE?

    Hacía tiempo que quería reflexionar en voz alta sobre el panorama artístico que encontramos actualmente en nuestras calles. Un tema sin duda complejo y que siempre acabará creando controversia.
    Desde mi condición de “Robinsón Urbano”, observo mientras camino por las aceras de esta ciudad, como el público sólo se siente especialmente atraído por aquellos eventos que gozan de suficiente notoriedad (para poder contar luego que se ha estado), por los que han sido acompañados de una gran campaña publicitaria, o por cualquiera de ellos si se trata de ese día en que su visita es gratuita. Acudo con regularidad a algunas galerías y museos considerados menores, y en muchas de esas ocasiones no me cruzo apenas con nadie. Una experiencia que inicialmente me cohíbe, pero que a los pocos minutos, agradezco. Pero si por el contrario deseo ver aquellas exposiciones anunciadas a bombo y platillo me toca sufrir, como a muchos de ustedes, enormes colas y largos tiempos de espera. Sin ir más lejos, recuerden la organizada estas navidades por la Fundación Canal sobre M.C.Escher o la que en estos mismos días puede verse en El Prado sobre el veneciano Tintoretto. En esto la pinacoteca nacional cuenta con cierta tradición. 
 Somos así, y desgraciadamente no diviso cambios a medio plazo. No debemos engañarnos. Formamos parte de un país en el que se compra poca música (y qué música!), en el que se lee poco y no se compran libros apenas, y en el que la gente no se siente especialmente atraída por el mundo del arte y por las exposiciones en particular. Prefieren dedicar su ocio a otras actividades, y esto parece afectar por igual a todos los estamentos sociales y a todas las edades. Puede que se deba a un problema de formación, o mejor dicho, a la ausencia absoluta de la misma en esta materia, o a la falta de interés y de costumbre por estos actos.
    Les invito a que hagan una prueba. Acérquense cualquier tarde a la Fundación Juan March, y observen detenidamente a los visitantes que se encuentren a su alrededor. Seguro que encontrarán alguna joven pareja en la que uno de sus integrantes pretende deslumbrar al otro acercándole al desconocido mundo de la cultura. Verán también a algún que otro nostálgico estudiante de letras (podrían incluirme en este grupo), algún turista guía en mano, familias realizando el esfuerzo de inculcar a sus hijos el buen hábito de visitar este tipo de salas mientras los niños corren entre la gente y acercan sus manos a las obras… y finalmente, una excursión de la tercera edad sin costumbre de visitar estos espacios, cuyos integrantes se colarán entre ustedes y cada uno de los cuadros, que dedicarán cerca de dos minutos a leer en voz alta el título de la obra y el nombre de su autor, y que sin embargo sólo necesitarán un rápido vistazo sobre el lienzo para pasar a la siguiente obra.
 Pero no seamos derrotistas. Siempre puede tratarse de un punto de partida que algún día dé los frutos deseados.
 
    Mientras tanto, la prensa viene a confirmarnos lo que parecía evidente. ARCO ha sido un auténtico éxito en esta última edición. Puede que se deba a la brillante organización, según afirman los expertos, que este año ha recaído sobre la nueva Directora Lourdes Fernández, pero sin duda el principal motivo de su auge ha sido el momento de bonanza económica en que se encuentran los bolsillos de algunos ciudadanos. Porque no se engañen, ARCO, por encima de cualquier otra cosa, es un negocio. La feria se organiza anualmente con la principal finalidad de vender las obras expuestas por las galerías elegidas. De haber obtenido unos resultados negativos, posiblemente ésta hubiese sido su última edición. En cualquier caso, a mi modesto entender, cada día hay más decoración en sus salas y menos obras de interés.
 
    Si cada vez que visitan una ciudad en el extranjero dedican un día a ver museos, ¿porque no hacen lo mismo en la ciudad en la que residen?. Háganme caso. Dediquen unos minutos a la semana a este tipo de actividades y olvídense del título de las obras o del nombre de sus autores, porque en apenas unas minutos se habrán olvidado por completo de esos datos anecdóticos. Disfruten por el contrario a su manera de lo que están viendo, porque eso es lo que realmente importa. Y no se cohíban, háganlo en voz alta, porque un museo o una sala de exposiciones no es un cine ni una iglesia. Quien sabe, quizás alguno de ustedes me lo agradezca en el futuro y se acuerde de estas palabras.  

 

ElRobinsonUrbano

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

"La inmigración no ayuda a crecer a la economía española”.
Nicolás Sarkozy,
Ministro francés de Interior


03.DEJANDO EL PARAISO

   En algunas ocasiones la vida nos depara las situaciones más insospechadas. Casualidades del destino, hacen que realidad y ficción se den la mano ante nuestra perplejidad.
   Voy en “Metro” camino del trabajo, y como siempre, me dejo acompañar por un libro. Tener cerca un objeto que me resulta familiar hace que me sienta menos sólo. Hace tiempo que decidí sumergirme en la lectura o en las canciones de mi mp3, para poder realizar a diario ese inevitable viaje hacia las obligaciones. Hoy estoy de suerte. Las puertas se abren frente a mí y encuentro un sitio vacío al fondo del vagón. Me concentro en la lectura y me olvido del tiempo.

“(…) La mujer vuelve a mirar a los dos agentes cuando estos acaban de comunicarle su denuncia. Después me lanza una nueva mirada acerada, como para asegurarse de que he comprendido cómo se siente uno en suelo extranjero, qué se siente al ser víctima de los caprichos de la burocracia”.

Algo ocurre frente a mí que me distrae. Levanto la mirada y observo como una familia de ecuatorianos cargados con dos enormes maletas, se dirige al aeropuerto. No pretendo ser indiscreto y regreso a mi lectura.

“(…) Se vuelve hacia Xavier y le explica en español que debemos volver a los Estados Unidos e ir al consulado mexicano. Debemos conseguir un permiso de trabajo temporal del consulado para que se nos permita entrar en México. Y esto es todo cuanto tiene que decirnos”.

   Miro sus caras. Una humilde y envejecida mujer de mediana edad llora ante la presencia de sus dos hijos adolescentes. Nadie la consuela. Preocupada, observa sus maletas, mientras que su mano derecha aprieta la carpeta de la agencia de viajes en la que esconde celosamente su billete. Creo que en apenas un par de horas tendrá que separarse de los suyos. Miro el reloj y continúo leyendo, pero no soy capaz de olvidarme de la escena real que tengo apenas a un metro de mí.

“(…) Da por acabada la reunión con una rápida mirada al montón de trabajo que tiene apilado sobre
la mesa
”.

   Las estaciones se suceden pero yo apenas me doy cuenta. Esa familia sin embargo no puede evitar mirar el nombre de cada una de ellas, como si se tratase de una cuenta atrás hacia una separación forzosa. Me temo que ni ellos ni yo queremos llegar a nuestro destino, aunque por muy distintos motivos.

“(…) Regresamos a Estado Unidos por el puente que cruza el Río Bravo, pero el tráfico en esta dirección es diez veces más denso que en la contraria, debido a los mexicanos que cruzan la frontera en busca de mejores salarios o de productos americanos. Permanecemos bloqueados en el puente unos tres cuartos de hora, justo en la linea que señaliza la frontera entre ambos países. Nuestras ruedas traseras están en México; las delanteras en los Estados Unidos”.

    Seguramente piensa en el tiempo que tendrá que pasar hasta que pueda volver a ver a sus hijos. Los muchachos mientras tanto miran al suelo, incapaces de asimilar lo que se les viene encima. Aún son demasiado jóvenes. El drama que tengo frente a mis ojos supera con creces el capítulo que estoy leyendo.

“(…) Mientras permanecemos bloqueados en el puente, junto a las ventanillas pasa un flujo continuo de gente que viene caminando desde México. (…) Familias enteras con los niños pequeños cargados a la espalda, sin zapatos, sin posesiones de ningún tipo. En sus ojos se vislumbra un estoico fatalismo, fruto de generaciones sometidas a la más abyecta pobreza, que no permite siquiera el lujo de la queja”..

   El último párrafo me desconcierta. Abandono la lectura. Vuelvo a mirar a la mujer, y me pregunto cómo es posible que un 8 de Marzo de 1990, Sam Shepard fuese capaz de describir la mirada de la mujer que tengo frente a mí en este momento. Debe ser sin duda porque la historia no para de repetirse y por la capacidad que tienen los buenos escritores para mostrarnos fielmente cuanto les rodea. Solo un instante después, la megafonía nos avisa que estamos llegando al final de nuestro trayecto. Entonces guardo mi libro, y observo como los tres se miran con resignación mientras comienzan a repartirse el equipaje  y se aproximan a la puerta del vagón.

   Les dejo pasar, y me doy cuenta de la enorme suerte que tengo por haber nacido en unas circunstancias tan distintas a las suyas, tan distintas a las de millones de personas que cada año se ven obligadas a iniciar un éxodo de incierto final en busca de una vida mejor.

   Salgo del vagón. Me pongo los auriculares y comienzan a sonar los “Delco”, pero hoy su “so out of tune” suena más triste que nunca. 

ElRobinsonUrbano
Sam Shepard, “Cruzando el paraíso”, 1996.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

-